martes, 15 de junio de 2010

El vértigo de la belleza: síndrome de Stendhal

Cada elemento presente en la vida tiene un motivo de ser ante nuestra conciencia. Descubrir cuál es el que le corresponde a cada uno, es lo que propicia la mayoría de las actividades sociales. Pero vale la pena preguntarse, tomada la realidad en su conjunto, ¿cuál es el motivo de ser de la realidad entera?




Ensayaremos una posible respuesta, relacionando una curiosa afección que se conoce como Síndrome de Stendhal y que se relaciona con la belleza de las obras de arte, cuando alcanzan tal variedad, vastedad y excelencia, como sucede en la ciudad italiana de Florencia, la capital estética del mundo.

La contemplación arrebatadora

El escritor francés Henri Beyle (1783-1842), mejor conocido como Stendhal, una de las cimas de la literatura universal, describe en ciertos escritos una curiosa situación que experimentó durante un viaje que realizó a Florencia. Poco antes de arribar a la bella ciudad, con la mente llena de emoción y evocaciones de Leonardo, Miguel Angel y Dante, Stendhal sufrió una serie de mareos y fiebres. Ya en Florencia, al visitar el Palacio de los Uffizi, la Catedral de Santa Maria del Fiore y al contemplar las grandes obras de Botticelli, Caravaggio o Paolo Ucello, Stendhal volvió a desmejorar cayendo temporalmente en un estado febril, nervioso y cercano a una alucinada locura.



Sumergirse sin fin

Numerosos especialistas médicos han registrado desde entonces esta afección descrita por Stendhal . Existen numerosos testimonios de esta sensación arrebatadora, que gente como Anselm Feuerbach, Rainer Maria Rilke y cientos de turistas, en general, han descrito básicamente como “sumergirse en el oleaje de un extraño poder”. Existen hospitales y médicos en Florencia que cuentan con una capacitación expresa para solventar este problema emocional. Por lo tanto, es posible advertir una especie de irresistible vértigo de la belleza, en este singular Sindrome de Stendhal.



La agitación creadora

Si consideramos que una de las consecuencias extremas del vértigo de la belleza es una prolongada visión de alucinaciones vale la pena preguntarse ¿cuál sería la consecuencia de visualizar algo más hermoso que el arte florentino? Si en cada contemplación artística buena parte del esfuerzo estético deriva del propio espectador, ¿qué sucedería si se contemplará algo por encima de toda belleza? Es posible imaginar que en los albores del mundo, en los inicios de la realidad como fenómeno expresivo, algo experimentaron los antiguos vivientes que derivó en una especie de “vértigo de la belleza” generalizado: la realidad humana bien puede estar cimentada en la vivencia alucinada de un grupo de privilegiados, que contemplaron algo indescriptible. La cultura y la civilización bien pueden ser paliativos de esa traumática experiencia, esa desgarradura, un intento por recuperar esa experiencia indecible.


No hay comentarios:

Publicar un comentario